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La “luna de miel” que nunca existió

VERTEBRAL

Miguel Ángel Riquelme es el gobernador de Coahuila, el viernes pasado tomó protesta en el Congreso del Estado.

Nunca disfrutó del cándido aliento de la encomienda recién adquirida, contrario a lo que experimentaron los anteriores gobernantes, los que se acostumbraron a disfrutar de un periodo de “gracia” al entrar en funciones, ese lapso en el que todos perdonan todo.

Riquelme (uno de los muy pocos gobernadores coahuilenses emanado de La Laguna) enfrentó el embate de sus adversarios traducido en desencanto social, la opinión pública de inmediato lo encasilló como heredero de sus antecesores y en defensor de la estirpe Moreira. Su cercanía en funciones y en el terreno de la amistad lo corroboran, sin embargo se trata de un hombre que pocos pasivos tiene (o al menos que se le conozcan), Riquelme fue uno de los principales artífices para que la seguridad regresara a la región, porque seamos sinceros, permitimos que el crimen se enquistara en nuestras sociedades (de cualquier índole) y fueron acciones puntuales que desarrollaron personajes como el actual Gobernador las que ayudaron a salir del atolladero.

Lo dije durante la transmisión de la ceremonia de cambio de poderes: La era Riquelme llegó, pero no con el tufo triunfalista y salamero sexenal, llegó el plazo que comprometió en su campaña, Miguel está llamado a cumplir con los adeudos que formuló con todos los sectores con los que se entrevistó. No es lo mismo construir una Línea Verde, una Compresora o un teleférico en Torreón que el desarrollo de proyectos para elevar el nivel de vida de los habitantes de las regiones Norte y Carbonífera con relación a los de las otras zonas (Sureste y Laguna por ejemplo) o la constitución del proyecto económico Port to Plains.

Miguel se enfrenta a un panorama adverso en cuanto a percepción social, sus opositores (Anaya, Guadiana, Guerrero, Salinas y Pérez) hicieron muy bien su “chamba”, la estrategia de crispación ciudadana les funcionó perfecto, lo único que le queda hacer (a Riquelme) es trabajar y cumplirle a Coahuila, no va a ser fácil, hay que operar con un monto económico de 48 mil millones de pesos y con una deuda de 36 mil, hay que seguir blindando el estado para que el crimen organizado no permee de los vecinos Tamaulipas, Nuevo León o Chihuahua, lugares donde la sociedad se relajó, debe atraer empresas y crear alrededor de 200 mil empleos en el transcurso de su administración.

Sobre todo el Gobernador Riquelme debe imponer su sello, se debe desmarcar de Rubén, así como él lo hizo de Humberto y él a su vez de Enrique, es lo natural, lo lógico pero no sencillo, se debe convertir en el jefe político del priismo coahuilense. Lo todavía peor es que no hay tiempo, debe atenderlo todo de inmediato porque, además, la “luna de miel” nunca existió.