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No es la intención llorar pero ¡Uf!

VERTEBRAL.

La conocí en la ULSA (Universidad La Salle Laguna), Geovanna Valdez iba tres generaciones más abajo que yo en la carrera de Comunicación.

Tiene una personalidad peculiar, segura de sí misma, intempestiva, simpatiquísima, conducía (en ese entonces el Programa X de Televisión Azteca), una chica bien, fresa pues y a pesar de que era la más joven del grupo con el que compartíamos, hicimos buen “match”.

Por razones naturales le perdí la pista hasta que me la topé, hace años, en un avión de regreso de unas vacaciones a la Ciudad de México, creo (si mal no recuerdo) que venía de tomar un curso de productos para mejorar la salud y los estilos de vida.

Era la misma, con aquel ácido pero muy digerible sentido del humor, en fin.

Volví a saber de ella en un desfile de modas que la asociación Mujeres Salvando Mujeres (que dirige la doctora Yolanda Jaramillo) organizó y del que ambos éramos parte, llevaba un turbante en la cabeza, por obvias razones supuse que padecía cáncer y que era sobreviviente.

Ayer la vi en una publicación de Facebook un “live” que hizo a las afueras de la Clínica 71 del IMSS, con el cabello más largo, La Potra como cariñosa y respetuosamente la apodábamos lloraba y hacía una reflexión sobre la realidad que enfrenta nuestro sistema de salud en materia de abastecimiento de medicinas oncológicas (en este caso).

Geovanna pedía empatía porque el joven que atendía la farmacia prácticamente se mofó de su situación reflejada en cientos de miles de pacientes en México que hoy no tienen medicinas para tratar el cáncer, el VIH, la influenza y demás tratamientos que les puedan generar una esperanza de vida:

“Gracias a Dios habemos personas que tenemos la suerte de costear los medicamentos que no son nada baratos, el que yo tomo vale entre tres y cuatro mil pesos mensuales por cinco años, pero hay gente aquí que no tiene ni para desayunar.

Me da miedo que se pierda la empatía, no es la intención llorar, pero uf, pero por ejemplo voy a pedir el medicamento y el chavo me dice, no hay y le digo oye qué onda, si yo no tuviera los medios para comprarlo, qué, o sea me muero.

Yo sé que el chavo (supongo que el despachador de la farmacia) no tiene la culpa, pero él así como ay señora no sea exagerada, hable los martes para ver si hay y le contesto o sea, cómo, no estoy entendiendo entonces si no hay medicinas me muero o qué, entonces se voltea sonriendo y me dice sí”, narra Geovanna perturbada en el video.

Varias reflexiones, la primera: La empatía, me uno a Geovanna, no podemos perder de vista este valor tan importante entre nosotros como sociedad, puede haber escasez de medicinas, indolencia de las autoridades, cerrazón de las instituciones, pero el “ponerse en los zapatos del otro” es un ingrediente que no debe faltar en el tejido social, dos, qué pasa con las personas que efectivamente no tienen para comprarse estos fármacos ¿Se mueren o cómo? y tres ¿Estará enterado el gobierno de los cientos y miles de casos como el de Geovanna (o peores)?

angel.carrillo@multimedios.com