Pasar al contenido principal

Regale afecto

Flor de cacto

Silvia Landeros Hernández

Enfermó de tristeza y poco a poco se fue apagando, me contaba mi madrina sobre una mujer que vi pasar muchas veces frente a la casa paterna, Olga; siempre cabizbaja, como si no quisiera que el sol tocara su rostro. Años después supe de su muerte, por diabetes.

Hoy volví a recordarla después de leer algo sobre la influencia de las emociones como detonante de enfermedades. Situaciones de estrés extremo combinadas con una baja de defensas nos llegan a provocar desde resfríos hasta problemáticas mayores, aparentemente; ya antes lo hemos mencionado.

Y traigo el tema de nuevo porque en esta época del año, parecen multiplicarse los números de personas deprimidas. Algunos porque la nostalgia los atrapa y recuerdan otros tiempos que en apariencia les parecen mejores al presente; muchos recuerdan a los seres queridos que se fueron. Otros resienten las carencias, de todo tipo.

Justo en esta temporada la mercadotecnia nos bombardea con imágenes de supuestas personas felices en sitios perfectos, cuando en realidad sólo busca provocar el consumismo.

Y nos dejamos llevar… Compras a crédito aunque nos lleve un año entero salir de la deuda. Lejos quedó la campaña aquella de la Profeco que años atrás nos repetía “Regale afecto, no lo compre”.

Sí, lo que necesita nuestro mundo es afecto. Mostremos a nuestra familia y a nuestros amigos lo mucho que los queremos. Repartamos abrazos y dediquemos tiempo de calidad a nuestros hijos.

Me atrevo a sugerir, que a nuestra lista de propósitos agreguemos cultivar la compasión. Debemos sacudirnos la indiferencia. Si podemos hacer algo por nuestros vecinos que pasan por una mala racha, o por los niños que salen a trabajar porque lo que ganan sus padres no alcanza para comer, hagámoslo.

Si sabemos de alguien que ha perdido cosas materiales hagamos algo por él, para que no lo secuestre la tristeza, para que no pierda la esperanza.

silvialanderosh@gmail.com