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En Viernes Santo del Vaticano recuerdan atentados en Egipto

Se recordó a los cristianos coptos asesinados en los últimos atentados terroristas.

Agencias.

Ciudad del Vaticano, 14 Abr (Notimex).- En la ceremonia central del Viernes Santo, encabezada por el Papa Francisco en la Basílica de San Pedro, el predicador de la Casa Pontificia recordó a los cristianos coptos asesinados en los últimos atentados terroristas de Egipto.

Acabamos de escuchar el relato de la pasión de Cristo. No más que la crónica de una muerte violenta. Nunca faltan noticias de muertos asesinados en nuestros noticiarios. Incluso en estos últimos días ha habido algunas, como la de los cristianos coptos asesinados en Egipto”, dijo Raneiro Cantalamessa.

“¿Por qué, entonces, después de 2000 años, el mundo recuerda todavía la muerte de Jesús de Nazaret como si hubiera pasado ayer? El motivo es que su muerte ha cambiado el sentido mismo de la muerte”, agregó, hablando en italiano.

A pocos metros suyo estaba Francisco, revestido con una casulla color rojo, quien no tomó la palabra según lo establece la liturgia católica, por tratarse del día más triste y solemne, en el cual se recuerda la muerte de Jesús.

Más adelante, el fraile Cantalamessa se preguntó qué significa la cruz “entre la agitación del mundo”, y aclaró que ella significa el “no definitivo e irreversible” de Dios a la violencia, a la injusticia, al odio, a la mentira, a todo mal y, al mismo tiempo, es el sí, igualmente irreversible, al amor, a la verdad y al bien.

“No al pecado, si al pecador. Es lo que Jesús ha practicado durante toda su vida y que ahora consagra definitivamente con su muerte”, siguió.

Más adelante precisó que el pecador es “criatura de Dios” y conserva su dignidad “a pesar de todos sus desvíos”, mientras el pecado es una realidad espuria, añadida, fruto de las propias pasiones y de la “envidia del demonio”. Por eso sostuvo que la cruz “no está” contra el mundo, sino para el mundo para dar un sentido a todo el sufrimiento que ha habido, hay y habrá en la historia humana.

Insistió que la cruz es la proclamación viva de que la victoria final no es de quien triunfa sobre los demás, sino de quien triunfa sobre sí mismo; no de quien hace sufrir, sino de quien sufre.

En otro pasaje precisó que la cruz no está “inmóvil” en medio de los vaivenes del mundo, como recuerdo de un acontecimiento pasado o un puro símbolo, sino que está en él como una realidad en curso, viva y operante.

Sostuvo que Cristo no apareció en el mundo para explicar las cosas, sino para “cambiar a las personas”.