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"Entre el polvo, vi a esa dama de negro"

SAN PEDRO, COAHUILA.- Francisco Gutiérrez - octogenario que todos sus años los ha vivido en la Colonia Barrio Saltillo, en su juventud pasó de todo un poco, y de ese poco, trasciende una historia algo terrorífica que cuenta, lo dejó marcado de por vida, ya que desde que tuvo el encuentro con ese ser, que asegura, no era mundano, se quitó de andar tanto en la calle y menos a las horas de la madrugada.

Francisco, a sus 20 años de edad era un joven un poco acelerado, que le gustaba andar en la calle más por la noche y, de noche pasaba a madrugada. Uno de esos días, ya de madrugada, Francisco llegaba a su casa, por la avenida Morelos y calle Juan acuña, en el Barrio Saltillo. En esos tiempos el sector del que se habla, era en cierta forma un barrial con algunos pinabetes de adorno.

Esa ya madrugada, el terregal no permitía la visibilidad ni a corta distancia, tolvaneras típicas del municipio de San Pedro. Francisco ingresó a su casa con los ojos empañados por tanta tierra, y antes de entrar a su cama, salió al patio trasero donde solo se divisaba un pinabete y algunos troncos de ese mismo tipo de árbol.

Francisco salió para hacer pipí, o echar una firma como él dice. El joven en ese tiempo, volteaba para todos lados, pero no alcanzaba a ver mucho solo tierra y muy poco, aquel pinabete. Acabo de hacer sus necesidades fisiológicas y, de repente al voltear nuevamente hacia el pinabete, pudo ver entre el terregal, una figura humana, femenina por cierto.

Se extrañó de ver a alguien a esas horas, casi las tres de la madrugada. Se quitó un poco la tierra y pudo ver con mejor claridad aquella mujer, porque ya estaba definida, era una mujer totalmente vestida de negro, sentada en uno de los troncos del árbol.

No estaba ni a cincuenta metros de la mujer, la cual nunca volteaba para dar la cara. Con el Jesús en la boca, Francisco ingresó a la casa nuevamente, pero no podía conciliar el sueño y volvió a salir. La mujer seguía ahí, sentada y fue cuando tuvo el valor de acercarse un poco más para ver quién era.

Como lo dice el mismo Francisco ya de ochenta años, ahí fue donde la marrana torció el rabo y el cutis se arrugó, al estar tan cerca de la mujer, pudo ver su rostro, fue un flashazo, un abrir y cerrar de ojos, pero en ese pequeño instante, fue como estar en entre los muertos, aquella mujer, asegura, no era de este mundo, era tal vez la muerte andando, porque su rostro era eso, una calavera. Hay gente que dice, todavía se pasea esa mujer por el Barrio Saltillo, de distintas formas la han visto, pero su vestimenta siempre es en color negro, así también casi seguro, su alma.